Se le llama la enfermedad de los 200 nombres, pero el más común
de todos es el de 'huesos de cristal'. Se trata de la osteogénesis
imperfecta (OI), una rara dolencia que hace que quien la padece
tenga los huesos extremadamente frágiles. Un centenar de fracturas
antes de la pubertad no es una rara marca para los niños que la
padecen. El mayor problema reside en la dificultad para encon-trar
diagnósticos adecuados, un mal añadido y habitual en todas aquellas
enfermedades consideradas raras, es decir, aquellas en que se da
menos un caso por cada 5.000 habitantes.
'En la asociación tratamos de ayudar a los enfermos y a las
familias y para ello es muy importante mejorar los diagnósticos'.
Lucía Vallejo es la presidenta de la Asociación Huesos de Cristal de
España (Ahuce), que reúne a los afectados y a sus familias
proporcionando al mismo tiempo ayuda e información. 'Los que
padecemos estas enfermedades raras estamos como huérfanos. Por eso
es muy importante la información, saber de la existencia de otros a
los que les pasa lo mismo. Hasta los treinta y tantos años yo no
conocía a nadie más que tuviera mi misma enfermedad'. Organizado por
Ahuce, entre los días 11 al 13 de octubre se ha celebrado en Córdoba
el IX Congreso Nacional de Osteogénesis Imperfecta.
Se trata de una rara dolencia producida por una mutación genética
espontánea que afecta al tejido óseo y al sistema conjuntivo. Según
José Ignacio Parra, jefe de la sección de cirugía ortopédica
infantil del hospital Universitario de Getafe, y uno de los pocos
expertos españoles en ella, 'en los pacientes con esta enfermedad el
núcleo de los osteoblastos, las células encargadas de la producción
de hueso, no contiene la información genética correcta para la
formación de las vigas de colágeno que dan consistencia a los
huesos, y por eso son frágiles, lo que ocasiona múltiples fracturas
o deformidades. El colágeno forma parte también de otros tejidos,
como dientes, ligamentos, piel o esclerótica, que también pueden
verse afectados,'.
En función de la gravedad se distinguen cuatro tipos de la
enfermedad. En los casos más graves los fetos pueden llegar a sufrir
fracturas o padecerlas en el momento del nacimiento; en otros, no se
desarrolla una estatura normal y, en casi todos, el dolor es una
constante. Aun los casos menos agresivos, como en el de Lucía
Vallejo, profesora de dibujo, 'laboralmente te afecta mucho porque
estás, de media, seis meses al año de baja o con fracturas'.
Uno de los principales problemas, asegura José Ignacio Parra, es
que 'todavía no se ha encontrado un tratamiento realmente efectivo
contra la enfermedad, aunque hay avances que consiguen mejoras en la
calidad de vida de los pacientes. Por ejemplo, son alentadores los
tratamientos con difosfonatos, que mejoran la calidad del hueso. En
todo caso, hay que señalar que el tratamiento tiene que ser
necesariamente multidisciplinar, con fármacos y con rehabilitación,
que evite la osteoporosis, pero también con férulas, en algunos
casos, o con cirugía para colocar clavos que refuercen los huesos.
Además, hay que buscar consejo genético y apoyo psicológico y, sobre
todo, incrementar la investigación en un área tan desconocida'.
Se supone que hay un caso de OI por cada 10.000 habitantes,
aunque otras estadísticas dicen que uno cada 20.000, lo que
significa que en España habría entre 2.000 y 4.000 afectados. La
asociación tiene 130 socios 'y entre todos controlamos 200 o 300
casos', dice Felipe Mateos, vicepresidente y padre de un niño
afectado. 'Las familias sufren mucho porque no sabes qué tiene tu
hijo y nadie lo diagnostica. Por eso debemos luchar en todos los
frentes y procurar unirnos, para lo que nuestra página en Internet
www.ahuce.org nos está siendo muy útil'.
Durante los congresos, que se celebran cada año desde que se
fundó la asociación en 1994, se ponen en común los últimos
conocimientos médicos sobre tratamientos y otros aspectos de la
enfermedad, se reúnen los enfermos y las familias y se procura que
la información llegue hasta el mundo sanitario, en el que se trata
de una gran desconocida. 'Un pediatra', asegura Lucía Vallejo,
'puede ver uno o dos casos de esta enfermedad en toda su vida y, por
lo tanto, no sabe diagnosticar. Lo más importante para nosotros es
que se diagnostique adecuadamente. Se han dado algunos casos de
padres acusados de malos tratos porque sus hijos llegan cada poco
tiempo al hospital con algún hueso roto, y es que se rompen porque
los tienen de cristal'.
En el IX Congreso se ha expuesto la experiencia de Wilfried
Hagelstein, afectado y presidente de la Asociación Alemana de
Osteogénesis Imperfecta, que desde hace años desarrolla programas
fisioterapéuticos para la OI, y que es autor de un libro sobre el
tema que está a punto de aparecer en español gracias a María
Barbero, traductora y madre de un niño afectado.
'Para mí', dice Barbero, 'lo más difícil fue encontrar un médico
con conocimiento y un trato humano adecuado. Lo primero que me
dijeron es que dejara al niño, que empezó a tener fracturas a los 15
meses, en una silla de ruedas y que no lo moviera mucho. Luego,
gracias a una amiga alemana, me puse en contacto con médicos de allí
y con la asociación alemana, que tiene muchos socios y trabaja muy
bien. Por eso, desde entonces, conseguir información y ponerla a
disposición de los afectados ha sido muy importante para
mí'.